dissabte, de novembre 13, 2010

Els conversos coincideixen amb la resposta: es converteixen no per un argument sinó per una Persona

Avui m'ha arribat un escrit titulat: El argumento. Us reprodueixo la part final del document:


"¿Por qué se convierten los conversos famosos? ¿Cómo responde el Dios de los conversos al misterio del mal, al escándalo del sufrimiento humano?".

La pregunta no se podía formular mejor, y exigía una respuesta a la altura del problema. Ima (la de la Contra de La Vanguardia) se quedó sorprendida al escuchar que todos los conversos coinciden en su respuesta, y que no es precisamente un argumento sino una Persona. La diferencia entre entender un argumento y conocer a una persona es grande: no se conoce bien a nadie en dos minutos, ni en dos horas, ni en dos meses. Por eso los conversos se toman su tiempo. Mucho más tiempo del que dura una entrevista para la prensa. El tiempo que se tomó Dostoievski, preso en Siberia cinco años, para entender y resumir el argumento definitivo de los conversos, tan diferente al del capador:

Soy hijo de este siglo, hijo de la incredulidad y de las dudas, y lo seguiré siendo hasta el día de mi muerte. Pero mi sed de fe siempre me ha producido una terrible tortura. Alguna vez Dios me envía momentos de calma total, y en esos momentos he formulado mi credo personal: que nadie es más bello, profundo, comprensivo, razonable, viril y perfecto que Cristo. Pero además –y lo digo con un amor entusiasta– no puede haber nada mejor. Más aún: si alguien me probase que Cristo no es la verdad, y si se probase que la verdad está fuera de Cristo, preferiría quedarme con Cristo antes que con la verdad.

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